50 años articulando problematizaciones / Melina Neiman, Macarena Mercado Mott y Luis Donatello

En el marco de las celebraciones por el 50 aniversario del CEIL, nos propusimos recopilar una serie de debates que se produjeron en los medios de comunicación y en la agenda pública, donde distintos integrantes del CEIL participaron en su problematización, ya sea recuperando la perspectiva histórica, a través de la producción de datos en el trabajo de campo o desmitificando concepciones erróneas. Las investigaciones desarrolladas en el CEIL han venido recuperando temáticas de actualidad y relevancia social. Los aportes de estas investigaciones han nutrido la agenda pública, problematizado temáticas sociales con amplias implicancias en las condiciones de trabajo y de vida de los y las trabajadores/as y de la población en general.

La ideología, el sentido común, la concepción sobre el mundo son conceptos clásicos de las ciencias sociales para intentar comprender cómo sienten, piensan y actúan los individuos en sociedad. Las consecuencias políticas de esta conformación de sentido y acción llevan a la construcción del lazo social y del Estado de cada época.

El debate público y los medios de comunicación de los tiempos actuales están signados por las fake news, los carpetazos, las operaciones políticas, la dictadura del rating, las redes sociales y las noticias online. En este marco, los/as invitamos a reflexionar acerca de cómo las ciencias sociales y el CEIL en particular se hacen lugar para contribuir en la problematización de algunas temáticas presentes en estos espacios.

Con el objetivo de analizar el rol de las ciencias sociales y del CEIL en los debates actuales, se seleccionaron cuatro tópicos que serán abordados en esta presentación:

  1. Del trabajo esclavo al trabajo esencial en el agro.
  2. Talleres clandestinos de indumentaria en el Gran Buenos Aires.
  3. Los trabajadores de la minería metalífera en la Argentina.
  4. Cómo intervenir en los debates sobre religión desde las ciencias sociales.

El contexto político marcado por el conflicto entre el gobierno, por un lado, y las entidades de representación de intereses patronales y UATRE, el sindicato agrario, de manera particular alineado con los empresarios, por otro, favoreció la amplificación en los medios de comunicación de los múltiples acontecimientos de incumplimiento de la legislatura y de la explotación de los trabajadores, que en ocasiones correspondían en mayor medida al fuero penal que al ámbito laboral. Así, el primer lustro de la década pasada constituyó una caja de resonancia de las históricas circunstancias de explotación laboral y de la degradación de la ciudadanía que distingue a los trabajadores del agro. El interés por estos trabajadores se incrementó de manera notable, el interrogante por su volumen, sus características sociales y laborales, las condiciones de trabajo, la acción colectiva y la representación sindical, entre otros aspectos, atrae la atención de periodistas y comunicadores sociales. La producción académica se sumó al interés político para que la precariedad de las condiciones laborales en el agro forme parte de la agenda pública.

En marzo de 2006, un incendio en un taller clandestino de confección de indumentaria ubicado en el barrio porteño de Flores se cobró la vida de 5 niños y una mujer embarazada. El siniestro fue visibilizado por los medios de comunicación y dejó al descubierto una compleja problemática en la cual confluyen simultáneamente cuestiones de género, migratorias, productivas, laborales, y hasta penales (como el delito de trata de personas con fines de explotación laboral), entre otras. Alrededor de 150.000 costureros no registrados en cerca de 30.000 pequeños talleres informales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense trabajan extensas jornadas laborales, de lunes a sábado, con ingresos reducidos que mayoritariamente no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de sus grupos familiares y carecen de la cobertura de las instituciones de la seguridad social contributiva. La producción científica ha abonado en el análisis de esta problemática dejando en evidencia la dificultad que implica para las políticas públicas el diseño y la implementación de un programa que logre terminar con esta perversa lógica de producción, que hoy impera mayoritariamente en el eslabón de fabricación de ropa en Argentina.

El boom de inversiones en explotaciones mineras a gran escala a comienzos del siglo XXI en la Argentina ha propiciado el debate sobre los impactos que generan en el medio ambiente. Junto a ello, la posible o concreta instalación de estos mega proyectos ha generado (y sigue generando) múltiples protestas a través de movimientos sociales que buscan impedir el arribo de este tipo de explotaciones o bien, el cese de las mismas en diferentes provincias del territorio nacional. La producción científica y el debate público a través de los medios de comunicación han girado en las últimas décadas en torno a estos tópicos (el impacto ambiental y la “resistencia” social frente a estos proyectos mineros). A pesar de implementar cambios radicales en las formas de configuración del trabajo minero (tanto organizacionales, como tecnológicas), la discusión sobre el trabajo ha estado relativamente ausente en el debate público. Sin embargo, a partir de la declaración de los mineros como trabajadores esenciales en la pandemia se ha abierto un nuevo el foco de discusión en torno a: su importancia económica (tanto nacional como provincial); el desarrollo de las economías regionales por medio de esta minería; el “arraigo” social que produciría en las provincias donde se realiza esta actividad; los “altos” salarios de los mineros; así como también las condiciones de trabajo. Así, en la actualidad, la problemática del trabajo minero viene a sumarse al debate sobre la minería a gran escala, complejizando y enriqueciendo la discusión pública.

Aun cuando la sociología y, en general, las ciencias sociales, vienen abordando el fenómeno religioso desde los inicios de la disciplina, el tratamiento de los medios de comunicación y, en menor medida, de las políticas públicas, continúa sin incorporar perspectivas científicas de análisis de estos fenómenos. Esto deriva en varios problemas tales como la proliferación de discursos de odio religioso, la circulación de estereotipos estigmatizantes, así como errores graves de diagnóstico político que se traducen en estrategias políticas deficientes de mediación y abordajes equivocados de política pública. Ante estos problemas, es clave orientar los aportes desde las ciencias sociales en dos sentidos. Por un lado, para realizar diagnósticos más adecuados y en base a evidencia, que pueden resultar útiles a la hora de diseñar políticas públicas. Por otro lado, para contribuir a una conversación pública con menores niveles de violencia. Desde las ciencias sociales y el CEIL se busca intervenir en la discusión pública desde una perspectiva científica.

¿Qué podemos encontrar en común en estas intervenciones en los debates actuales?, ¿las investigaciones sociales pueden colaborar en ampliar y garantizar derechos y fortalecer la democracia?, ¿tiene que haber una voluntad política para que estos temas formen parte de la agenda pública?, ¿quiénes nos leen?, ¿qué ciencia social y qué CEIL para qué sociedad?

Los/as invitamos a empezar a responder estos interrogantes el miércoles 29 de septiembre a las 15hs. en el marco de los festejos por los 50 años del CEIL. Expondrán sobre estos temas Germán Quaranta, Gustavo Ludmer, Lautaro Clemenceau y Sol Prieto, a quienes también agradecemos la colaboración para la presente nota.