Localizar lo global, las mujeres en el agronegocio: redes de producción, cuidado y trabajo / Alejandra Santiago

Los estudios acerca del lugar de las mujeres en los mercados de trabajo en contextos rurales tienen hoy representación en una larga lista de disciplinas. En México, Chile, Uruguay, España, hay una trayectoria de investigaciones que incluyen estadísticas para estudiar los fenómenos sociales y económicos que se desprenden de dichos procesos. Sin embargo en la Argentina son pocos los abordajes teóricos que cruzan las teorías de la Economía Feminista, mayormente enfocados en las ciudades, con el mundo rural.

En la Argentina en los últimos años el modelo que mayor difusión tuvo en la producción agraria es el del agronegocio. Este modelo ha cobrado gran visibilidad y es sobre el que se estructura la producción agraria actual. Sin embargo, la participación de las mujeres no aparece visibilizada en las investigaciones que abordan los principales cambios que trajo aparejado dicho desarrollo. Existe una relación entre las trayectorias laborales y la organización del trabajo en el hogar en las familias rurales.

Desde los años 90’ la región pampeana ha atravesado un cambio en las formas de producción a partir de la difusión del nuevo paradigma de los agronegocios. Este modelo se caracteriza por el abandono de la referencia a la unidad agropecuaria a favor de un nuevo sistema global pensado en términos verticales (agroindustria), horizontales (cluster) o reticulares (redes o pool), la subcontratación o tercerización de servicios; el paso de lo agrario a lo transectorial y el desplazamiento del saber sobre el “mundo rural” al saber de las competencias en las nuevas tecnologías del conocimiento (Hernández, 2009; Parnreiter, 2018).

En ese contexto se enmarca Saladillo, un espacio de 2736 km2, donde se encuentran condensadas múltiples relaciones globales y locales de producción. Este partido tiene la particularidad de contar con un sistema mixto de producción, es decir que se combina la producción ganadera con la agrícola, en particular de cultivo de soja, y en menor medida de trigo. Por lo mismo en este espacio se encuentran producciones que están directamente vinculadas a los nuevos mercados globales junto a otras que mantienen la producción para el entorno local/provincial.

Para estudiar los hogares y la inserción de los miembros en los mercados de trabajo disponibles, se parte desde una mirada sistémica de analizar la Economía del cuidado, no solo tomando en cuenta las tareas en el hogar, sino también las redes que se tejen para garantizar el cuidado de aquellas personas que son dependientes del mismo. Esta perspectiva busca visibilizar el rol que cumplen las mujeres en la inserción y permanencia de los miembros del hogar en los diversos mercados de trabajo disponibles en el agronegocio como también el tipo de inserciones a las que ellas acceden a cambio de una remuneración. El trabajo entonces es visto desde un sentido amplio del término.

Siguiendo a Parnreiter (2018) las relaciones de producción pueden ser comprendidas a partir de los patrones espaciales en las cuales se desarrollan. En tal sentido la globalización como punto de partida analítico, nos invita a distinguir entre las escalas global y local. En un mundo donde a simple vista parece que no hay fronteras, es importante poder distinguir entre los elementos propios de lo global y aquellos locales. Esas fronteras desdibujadas, lejos de hacer desaparecer la vieja noción de país central-país periférico, acentúan la división internacional del trabajo. En el caso de América Latina, junto con otras regiones del sur global, implicó la reprimarización de las economías, en particular en cuanto a la extensión de tierras dedicadas a la producción agropecuaria. En el caso del sector pampeano en Argentina, este proceso trajo también como corolario el avance de la ganadería intensiva, tomando como producción complementaria la soja y el trigo. Para el caso de Saladillo la estructura social de las unidades productivas muestran un predominio de unidades de tamaño medio (entre 400 y 700 ha), siendo estas de una trayectoria familiar de producción. A su vez parte de la red agroalimentaria se encuentra conformada por las empresas Trezza, Profeed, Prada, Transcom, que además de Feedlots tienen granjas porcinas. Cabe mencionar que las últimas tres, se encuentran a una distancia de entre 20 y 36 km, formando una especie de triángulo en la zona rural de Saladillo, a unos 8 km de la zona urbana. A su vez estas producciones usan servicios como el transporte, para traslado de alimento balanceado y de animales; contratistas que prestan servicios como picado y embolsado (silo bolsa), siembra, pulverizaciones, cosecha; empresas constructoras (bebederos, tanques de agua de material); empresas que fabrican galpones, hormigón, movimiento de tierra; veterinarios que atienden la sanidad y la nutrición de esos animales; empresas, como Vetifarma Biofarma entre otras, que venden “núcleos” para la elaboración del alimento balanceado de los animales.

Por último, existe un largo listado de empresas que operan en el mismo partido que, si bien no aparecen como parte de la producción ganadera, si son parte de la misma red agroalimentaria: La Bragadense; Lartirigoyen; Agro MG; 4 Molinos; Cargill; Baya Casal; Líder Agro; Compañía Argentina de Granos; Los Grobo; Tissen Plastic, entre otras. Son empresas que tienen un poder local, y operan en términos globales, ya que una parte importante de los productos obtenidos, son exportados a países como China, Unión Europea, EEUU, entre otros. Por lo tanto, su producción se encuentra orientada hacia mercados globales, aunque también, en el caso particular de la cría de ganado, una parte de la producción queda en los mercados locales.

La diversidad de situaciones detectadas sobre el rol de las mujeres en el agronegocio en el partido de Saladillo, impulsa a analizar cómo la división sexual del trabajo contribuye a sostener un modelo de ruralidad globalizada. Al mismo tiempo, desde las teorías de la Economía Feminista se entiende al trabajo en un sentido amplio. En esa línea, el trabajo no remunerado realizado por mujeres en su amplia mayoría, es parte de la economía invisibilizada en términos de Perez Orozco (2014). Es allí donde el conflicto capital-vida se resuelve, donde no solo se garantizan la reproducción de la vida de las familias, sino que, a partir de múltiples mecanismos generan a su vez una red diversa de actividades que se desarrollan en espacios y tiempos no monetarizados. No obstante, también resulta relevante mostrar los nuevos roles que ocupan las mujeres a través de la asalarización en el mercado de trabajo del agronegocio.

En este sentido el análisis de la globalización guarda una relación muy estrecha con la participación de las mujeres dentro de los mercados de trabajo que involucran al agronegocio. En la actualidad existe una amplia bibliografía que busca dar cuenta acerca del rol de las mujeres en los procesos económicos internacionales. En general, en los primeros estudios de la globalización han sido neutrales respecto al género. Posteriormente, se comenzó a tener en cuenta la importancia de visibilizar el rol de las mujeres en la economía global (Jubeto Ruiz, 2014; Massey, 2004). Recientemente, se reconocen tres instancias que han visibilizado el rol de las mujeres en la economía global. Una primera en donde se destaca el subsidio al trabajo asalariado de los hombres que realizan las mujeres a través de la producción doméstica y la agricultura de subsistencia, la segunda se ubicaría en la emergencia de la generalización de la asalarización femenina en la economía global (como una oferta de mano de obra más barata y también por la inserción en nuevos puestos de trabajo) y la tercera, procesos que subrayan las transformaciones de género en las subjetividades de las mujeres y en sus grupos de pertenencia (Sassen, 2003).

A partir del trabajo de campo realizado entre los años 2018 y 2019 se detectó un emergente a tener en cuenta: hay muchas mujeres trabajando y aparecen invisibilizadas. Ejemplo de esto es el caso de las trabajadoras de asesoramiento técnico, profesionales y de venta de maquinaria agrícola. En estos tipos de trabajo ha aumentado su participación aunque continúa predominando la masculina. En esta misma línea algunos entrevistados señalan que el trabajo en el campo es caracterizado como un trabajo pesado, por tanto no apto para que trabajen mujeres a pesar del importante desarrollo de confort que ha tenido la tecnología agropecuaria. En particular se destaca la poca participación en la ganadería y escasa en la agricultura. A pesar de esto aparecen mujeres “ayudando” o “colaborando” con las tareas cotidianas que se relacionan con la limpieza de corrales, alimentación de los animales, etc. Las mujeres a su vez tampoco reconocen estas tareas como parte del proceso productivo, ellas se identifican como “amas de casa”. En los casos donde la familia entera reside en el predio donde se desarrolla el trabajo del varón y ellas trabajan en servicio doméstico en la casa de los patrones, en grandes y medianas estancias, ya sean estas de sistema mixto (ganadero-agrícola), como ganaderos o sólo agrícolas, la remuneración es percibida por el varón. Por otro lado, se destaca un grupo de mujeres que se declaran inactivas, o bien “amas de casa” y sin embargo contribuyen con el trabajo de sus cónyuges varones en tareas administrativas y garantizan su continuidad. Forman parte de este grupo aquellas que son partícipes de las tomas de decisiones en la gestión de las producciones de gran escala. Tienen voz pero no tienen voto.

Para concluir es importante destacar que en este sistema de producción global operan espacios locales, como es el caso del partido de Saladillo, y esto es posible gracias a una serie de acuerdos y tratados internacionales que le otorgan un marco legal, político y económico de funcionamiento. Así el dibujo del mapa de un espacio local, comienza a mostrar una serie de elementos globalizados que hacen traspasar los límites de un partido. Es por esto que es preciso profundizar en una perspectiva desde la geografía económica, que vincule espacios subnacionales con las relaciones de poder económico que allí operan. Las redes agroalimentarias fueron tejidas por una larga lista de actores. Este trabajo tiene como finalidad comenzar ese camino de análisis a partir de identificar las dinámicas de las escalas local/global en el funcionamiento del sistema productivo argentino, en particular en el sector agropecuario de un partido de la provincia de Buenos Aires y su expresión en la división del trabajo en un sentido amplio.

Bibliografía

Gorenstein, S. y Ortiz, R. (2016) La tierra en disputa. Agricultura, acumulación y territorio en la Argentina reciente. Revista Latinoamericana de Estudios Rurales 1 (2). Disponible en: http://www.ceil-conicet.gov.ar/ojs/index.php/revistaalasru/article/view/175/61

Hernández, V. (2009) La ruralidad globalizada y el paradigma de los agronegocios en las pampas gringas en Carla Gras y Valeria Herández (Coord.)

Massey, D. (2004). Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad en un mundo en proceso de globalización. Treballs de la Societat Catalana de Geografia (57), 77-84.

Parnreiter, C. (2018). Geografía económica: Una introducción contemporánea. DAAD.

Perez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía: Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida (Primera Edición). Traficantes de sueños.

Sassen, S. (2003). Contrageografías de la globalización. Traficantes de sueños.

Sassen, S. (2007). Una sociología de la globalización (M. V. Rodil, Trad.; 1.a ed.). Katz Editores. https://doi.org/10.2307/j.ctvm7bd32

Sassen, S. (2015). El nuevo mercado global de tierras. En Expulsiones: Brutalidad y complejidad en la economía mundial (pp. 95-134). Katz Editores.