Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación / Mariela Blanco

Mariela Blanco

 

Desde tiempos inmemoriables se ha identificado a la Argentina, por la ubicación de su territorio, como un país favorecido de recursos naturales y con especial hincapié en la riqueza de sus suelos. Sin embargo, diversos estudios señalan que el 70 por ciento del país está formado por tierras secas y que la erosión avanza a razón de 650 mil hectáreas por año[1]. La razón de estos cambios obedece tanto a las variaciones climáticas como también al uso de la tierra que realizan las distintas actividades humanas.

En el año 2011 a partir de una iniciativa del sector científico – tecnológico, del CONICET,  la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SAyDS), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), surge el proyecto de crear el Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación con el propósito de construir un espacio de evaluación permanente que permita generar y sistematizar información relacionada con esa problemática en forma de indicadores que permitan el monitoreo en tiempo y espacio;  además de la coordinación de las acciones de la red, de la elaboración de informes y mantenimiento de la página Web. Asimismo se realizan una serie de actividades, entre las que se destacan la organización de reuniones de comisiones, grupos Ad Hoc, talleres, la gestión y la participación en proyectos de investigación, conferencias, congresos y publicaciones sobre temáticas específicas. No menos importante es la formación en recursos humanos en tesis y becas doctorales.  El observatorio es de característica virtual pero cuenta con un lugar físico de funcionamiento para las tareas de administración, gestión y ejecución en el Centro IADIZA del CONICET Mendoza.

La creación del observatorio se sustenta en un proyecto anterior que duró aproximadamente ocho años, Evaluación de la Degradación de Tierras en Zonas Áridas (LADA) impulsado por la FAO, el cual sentó las bases para la continuidad y ampliación del monitoreo de degradación y desertificación. Proyecto que obtuvo un alto grado de satisfacción en el país, a partir del cual la Argentina fue seleccionada para transmitir y difundir esta experiencia en otros países de América Latina y el mundo.

En la actualidad el Observatorio cuenta con más de 200 profesionales de distintas disciplinas del sector científico-tecnológico y político relacionado con la temática en todo el país. En ese marco el CEIL fue convocado para integrar la comisión asesora  que funciona como un órgano consultivo y de asesoramiento técnico- científico, apoyando el funcionamiento del observatorio y generando datos. Además participan Centro Austral de Investigaciones Científicas, Ushuaia (CADIC – CONICET), Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera (CIMA), es un instituto compartido entre el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina) y la UBA (Universidad de Buenos Aires), Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (CIEFAP), Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida, Bahía Blanca (CERZOS), CONICET / Universidad del Sur, Centro Nacional Patagónico, Puerto Madryn (CENPAT – CONICET), Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica, La Rioja (CRILAR), CONICET / Gobierno de la Provincia de La Rioja, Centro de Relevamiento y Evaluación de Recursos Agrícolas y Naturales (CREAN) – Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la Universidad Nacional de Córdoba, Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA – CONICET), Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa (INCITAP), CONICET / Universidad de la Pampa), Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Buenos Aires (CONICET), Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y sus institutos /departamentos: Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), Instituto de la Facultad de Agronomía y CONICET Departamento de Ingeniería Agrícola y Uso de la Tierra, Cátedra de Manejo y Conservación, Facultad de Agronomía, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA): Estación Experimental Agropecuaria BalcarceEstación Experimental Agropecuaria Bariloche, Estación Experimental Agropecuaria Salta, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca – Gestión Ambiental (MAGyP), Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Nación (SAyDS) – Dirección de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación (DCSyLcD), Secretaría de Ciencia Tecnología e Innovación de Chubut, Secretaría de Gestión Ambiental, Dirección Provincial de Desarrollo Sustentable, Provincia de Jujuy.

El principal objetivo del observatorio es generar datos a escala local y traspolar los resultados a nivel nacional. Para ello funcionan 17 Sitios pilotos, desde la Puna hasta Río Grande incluyendo tres en la zona pampeana, representativos cada uno de distintas realidades ambientales, sociales y productivas. Cada sitio conforma una unidad de análisis espacial en la cual se relevan indicadores de base de características biofísicas, socioeconómicas y de gestión.

A partir de la realización de distintos talleres de grupos ad-hoc, organizados según la especialidad temática, se acordó un set de indicadores fundamentales con el objetivo de ser relevados en cada sitio y que permita cubrir la variedad de situaciones locales. Entre los indicadores biofísicos se relevan aquellos asociados a erosión, vegetación, suelo, agua y clima y dentro de los socioeconómicos se incluye una serie de indicadores que permitan dar cuenta  del capital humano, del capital físico, del capital social y del capital financiero. Para el abordaje biofísico, caso cada sitio es provisto con tecnología acorde para poder realizar el relevamiento de los indicadores (estaciones meteorológicas y colectores de erosión).

El relevamiento socioeconómico se realiza sobre la base información secundaria y también con la aplicación de una encuesta a familias rurales productoras y a instituciones educativas, de salud, OSC y políticas con trabajo en las áreas de estudio. Entre los principales temas de relevamiento se incluyó a: indicadores educativos, de salud, residenciales, tenencia de la tierra, uso del suelo y destino de la producción, composición de los ingresos de los hogares, acceso a la protección social, acceso al crédito y/o subsidios, ocupaciones de la población; participación en programas sociales y/o productivos, en OSC, etc,; acceso al agua y calidad de la vivienda; entre los más relevantes.

El objetivo es articular los resultados de los indicadores socioeconómicos con los resultados de los indicadores biofísicos con la finalidad de detectar la exposición de las poblaciones a mayor vulnerabilidad como producto de la calidad de los recursos biofísicos y, a su vez, cómo la calidad de esos recursos influyen sobre los resultados sociales de las poblaciones asentadas en los distintos sitios de estudio.

Por lo tanto era necesario un marco nacional para vigilar la degradación de tierras y la desertificación para mantener el enfoque de sustentabilidad de los territorios que nos proporcionan alimentos, bienes y servicios. Realizar una mejor planeación para actuar de forma oportuna y efectiva ante los efectos que pongan en riesgo a las poblaciones, a los sistemas de producción y a los ecosistemas más vulnerables.

 



[1] Elena Abraham, Investigadora Independiente del IADIZA-CONICET.